Pensar, hacer y sentir

 Ahora, una reflexión:

 

Pensar, hacer y sentir

 

 

Increíble que de tantas ideas y posibles argumentos no surja nada. Cuando inicio por una idea la interrumpe el argumento que la hace posible y cuando el argumento nace primero una idea “mejor” lo hace a un lado. ¡Tantas ideas y argumentos, pero ninguno llega a materializarse! Es mejor pasarse la vida borrando y volviendo a escribir que solo pensando. En el pensamiento se pierden muchísimos recursos. Es preferible leer el pensamiento de otros autores y reflexionar que reflexionar sobre los propios porque esa idea se mantiene estática, no avanza hasta que la escribimos o la dibujamos o la bailamos. El pensamiento sin el arte es anónimo, no aporta mayor cosa al crecimiento del ser que piensa y se estanca en una rumiación casi infinita de posibilidades.

Hay que trabajar en las ideas, no dejar que las ideas vuelen por la cabeza y se asocien libremente. Hay que poner límites y establecer reglas. Es muy importante expresarse, inquietarse, moverse, investigar, rebuscar, esculcar. Pensar, claro que sí, es importante; no obstante, el pensamiento sin acción no pasa de una disociación de imágenes al azar. Por ello, el azar influye enormemente: no sabemos qué vaya a salir de esta expresión y esta inquietud al momento de poner en práctica nuestras ideas, pero una certeza que podemos tener es que algo vamos a encontrar. No volveremos con las manos vacías de un viaje como el de llevar a la realidad una idea o un argumento.

Sin embargo, eso no es nada fácil y por lo tanto tiene un valor gigantesco: lo difícil nos obliga a entrar a una zona más allá de la comodidad: la del pánico, como la llaman ciertos psicólogos; esta zona, al contrario de ser peligrosa, es donde ocurre la magia: nos vamos fuera de lo conocido para entrar a lo desconocido desde nuestra inexperiencia y nuestro temor. Es posible encontrarnos tras la puerta bloqueada. A veces siento que me pierdo y me alejo de todas mis vocaciones; entonces empiezo a pensar mientras hago cualquier cosa; como y no digiero; leo y no analizo; escribo y no reviso; escucho música y no le pongo atención. ¡Vacío! Solo eso hay cuando me voy de vacaciones y me dejo aquí pensando en tantas cosas y materializando tan pocas.

Es fundamental recordar lo fundamental: no se puede pensar sin hacer; ambas acciones son complementarias y cuando se juntan con el sentir surge el arte. Allí es donde quiero estar. Por eso camino a esa lejana utopía que es el equilibrio entre razón, sentimiento y acción con esta irónica sospecha: confío en mí.

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